Anchoas y Tigretones

15-12-2009

Sobre un erizo y un piel roja

Entrada que viene de: Pinículas y flims, En la mesilla, La flor de mi secreto, Sociología aficionada - Princesa Sigrid @ 11:34

Paloma y Rennee


En los viajes en autobús, en tren, en avión, en las cafeterías o en las consultas de los médicos, activo siempre mi cuaderno de notas mental. Veo abrigos de paño, paraguas con varillas rotas, zapatos sin lustrar, pijeríos desarraigados-oh, el dirty chic-y ceños fruncidos. Algunos resoplan, otras miradas se han quedado muy atrás-en el examen de ayer, en la noticia de esta mañana, en la promesa de nunca-y revolotean sobre el gotelet, golpetean la tarjeta del bus,se acomodan sobre la rejilla del portaequipajes. Short cuts, entran en tu campo visual, en el instante que compartes y salen de tu vida para siempre camino de sus rutinas, despedidas, bienvenidas y fracasos. Para no volver.

Yo escribo sobre estas cosas: ni siquiera sé si es sobre lo que quiero escribir al empezar.  O por lo que me da la gana de contar. Leía el gran articulo de Perdomo sobre Kafka y el deseo de ser piel roja: Escribes porque quieres, a veces por saciar un instinto voraz de contar, sin saber si serás leído, con vergüenza y timidez, con chulería y descaro, con prepotencia y humildad. Para muchos es un exhibicionismo autocomplaciente. Puede ser. A lo mejor a mí lo que me pone de todo esto, es pensar que me leen atractivos desconocidos. No tengo ni idea. Pero el blog, como me dijo una vez Catuxa, no es sólo el mejor psicólogo, es también el diario adolescente reconvertido es testimonio, es dar rienda suelta a ese yo puñetero, pueril y a la vez sensato de la creatividad. No sé si lo soy mucho o no. Sólo sé que esta especie de alter ego electrónico, este calendario de emociones que puede desaparecer el día que blogsome muera, es tan democrático como darle una tecla y pasar al siguiente artículo, al siguiente blog, a otra página, a otra dimensión. Pero ni yo ni las personas que me leen tienen la obligación de seguir aquí por seguir etiquetándose dentro del establishment culturetas. Todo lo contrario: yo debo de ser como el Cosmopolitan cutre de la blogosfera, ni dios me lee, pero estoy ahí.

Y esa es la historia: la escritura es un reino de libertad. También lo es la lectura, ya sé que me repito. Pero si véis "El erizo" o si habéis leído "La elegancia del erizo" de Muriel Barbery entenderéis la relación. Como Paloma, esa niña cuya inteligencia desmesurada se convierte en su peor enemigo de socialización, grabo con mi cámara de segunda mano-yo, a golpe de teclado-lo que me  incendia la mente. A mí. Como Renèe, esa extraordinaria bibliófila lectora, de la que los demás sólo veían su trabajo de portera o reconocerían el olor a sopita que podía desprender su casa-siempre que pienso en un patio de vecinos me viene el olor a repollo cocido o a legumbres. Me lo haré mirar-a veces me atrinchero y saco mis púas hacia afuera como el erizo. Pero sigo sentada en mi sillón con mi portátil sobre las rodillas, sonriendo, pensando que esta aprendiz de piel roja, esta insensata manipuladora, esta sonriente gárgola, te ha arrancado una reflexión, te ha hecho detenerte y acariciar unas líneas.  Deslizándote por ellas de forma elegante. Y eso mola más que alcanzar el fuerte de los clicks de Famóbil.

Todos los felices se parecen. Pero los infelices, en versión libre de Tolstoi, lo somos a nuestra manera.

29-08-2009

Poéticas de otros, jardines ajenos, epifanías

Entrada que viene de: En la mesilla, La flor de mi secreto - Princesa Sigrid @ 22:57

 Huellas de otros

La literatura yo no sé si dignifica, si salva, si convierte o si arrastra. Lo que sí sé, es que hay genios,escritores con mayúsculas,redactores eficaces, líricos con gancho, amantes y ejercedores de la prodigalidad de la industria editorial, amanuenses, letraheridos y juntaletras. Yo no soy escritora, no tengo raza, pero junto mis letras de vez en cuando. Y como Pierre Menard, sueño con poseer ese don único que me deje verme en algún espejo. No sé si merece la pena inaugurar unas sección en este blog de lo que espigo en otros jardines, a lo mejor me meto yo en uno por no llegar ni a diez millones de años luz de lo que hizo Bioy Casares en De jardines ajenos. Pero una sigue creyendo en la ficción cuando lee lo siguiente:

"Poco importa que Gévaudan e Irlanda sean los escenarios donde se representan estos dramas breves. Lo que importa es que con el mundo se hagan países y lenguas; con el caos, sentido; con las praderas, campos de batalla; con nuestros actos, leyendas y esa forma sofisticada de la leyenda que es la historia; con los nombres comunes, nombre propio. Que las cosas del verano, el amor, la fe y el ardor, se hielen para terminar en el invierno impecable de los libros. Y que sin embargo en este hielo un poco de vida permanezca congelada, fresca, garante de nuestra existencia y nuestra libertad. Ese poco de verdad mortal que arde en el corazón frío del escrito, la belleza parca del uno y el esplendor impasible del otro, esto es lo que me esforcé por decir aquí"

                                          Pierre Michon , prefacio a Mitologías de invierno. Editorial Alfabia, 2009 Traducción de Nicolás Valencia. Y tan recomendable como este texto es la magnífica introducción de Ricardo Menéndez Salmón:impresionante su definición de la genialidad de Michon como el lugar de la epifanía.

 

 

 

 

 

11-08-2009

Un año de “Anchoas y Tigretones”

Cumpleaños de mi ciberretoño

05-08-2009

Leyendo el diario de Adán y Eva

Entrada que viene de: En la mesilla, La flor de mi secreto, Amigos y vecinos - Princesa Sigrid @ 11:36

 

 

 En el paraíso

 

Para Xoan da Cova que es muy racional y para Ana Bande que es pura emoción

 

 He vuelto a leer el Diario de Adán y Eva de Mark Twain. Me encanta porque yo no creo en la guerra de los sexos, creo más bien, en mundos y realidades a veces paralelos, a veces convergentes. Pero tan diferentes que, casi siempre, creo que somos especies distintas.No creo en los binomios sensibilidad femenina-raciocinio masculino; verborrea y verbalización frente a introspección y análisis, "hurañez" versus sociabilidad, ya digo, queridos lectores que no lo creo. Pero no lo creo no porque no sea cierto, sino, porque me niego a simplificar, a clasificar, a darle a la taxonomía aficionada-joer, cómo mola esto-para explicar mis encuentros y desencuentros con el sexo opuesto. Que conste que a servidora el sexo más que opuesto le gusta puesto, pero me refiero a esos momentos en los que acabas exclamando para tus adentros "Bah, ¡¡¡Hombres! Sois todos iguales" y ves a tu contrario-o a los contrarios-diciendo "Bah, ¡¡Mujeres!! No hay quien os entienda".

Aunque parezca contradictorio, que, sin duda alguna lo es, creo en un punto de vista femenino y un punto de vista masculino que necesariamente no tiene que ver con la adjudicación sexual de cada uno. Nunca me he parado a pensar si tengo más amigos que amigas, por ejemplo, pero sí que, quizás de forma intuitiva, vacío mi alma de forma distinta o adjudico mis neuras y mis rarezas a chicos o a chicas según sea la naturaleza del asunto (The heart of the matter, vaya, que ya sabemos todos que un toque internacional siempre queda bien en un post. Que no se diga que no tengo estudios). Adoro vivir en un mundo con interlocutores variados y en el que puedo gritar ¡vive la diference!. No pertenezco al lobby de las odiadoras masculinas ni al de las misóginas descaradas, por fortuna, pero tampoco me atiborro de Hagen Dasz con pirulitos de chocolate cuando un chico me deja o lo dejo yo, sino que, lo que me apetece, más que nada, es cogerme una tajada de campeonato a la salud de todos los hombres que quedan en el mundo y que tendrán la suerte de gozarme en un futuro sin cadenas. No sé si es una reacción masculina o femenina, a lo mejor quizás es sólo la mía.

He observado el estupor que provoco con mis lágrimas incontroladas ante algunos seres del universo contrario cuando, por ejemplo, voy al cine. Me pego unas lloradas épicas, no siempre, claro está, pero con la edad una se va volviendo más y más sensiblera. Comprándome la Carta a una desconocida en NovaColón el otro día, las chicas que estaban allí entendieron perfectamente cuando dije que era "para llorar y además de verdad" (Carlos, lo  del estupor va por ti, que te quedaste ojiplático cuando me escuchaste decir eso y en aquel momento eras nuestra cuota del 25 % masculina). Sin embargo yo escribí hace tiempo algo muy "sentío" para mi señor padre y las estadísticas de reacciones lacrimógenas inclinan la balanza a favor de los chicos. Quizás la diferencia, bendita diferencia, sea la llorada pública o la privada. Verbalización versus introspección. Creo que volvemos al origen del asunto….

 "(Ella) es todo interés, ansia, vivacidad; para ella el mundo es encanto, milagro, misterio, alegría…Si pudiera tranquilizarse y permanecer callada al menos unos minutos, constituiría un espectáculo apaciguador" (Adán)

"Me parece que la criatura está más interesada en descansar que en ninguna otra cosa. A mí me cansaría descansar tanto. Ya me cansa estar sentada observándole en el árbol. Me pregunto para qué sirve: nunca le veo hacer nada". (Eva)

 Twain, Mark Diario de Adán y Eva . Traducción de Cristina García Ohlrich. Madrid: Trama, reimp. 2006

La cita la he sacado directamente de la contraportada. Es que hoy me he levantado con mi lado masculino y testosterónico dando el coñazo y me he dejado llevar por la laxitud

24-06-2009

Leer en verano

Entrada que viene de: En la mesilla, Sociología aficionada - Princesa Sigrid @ 19:08

Sigrid morena leyendo

Oficialmente está aquí el verano, con sus helados, fiestas de agosto, chaparrones en la playa, bikinis tremebundos enseñadores de lorza, madrinas en la orilla gritando a sus ahijados a tutiplén, señoras paseando al compás de las olas para minimizar las varices, besos furtivos en el paseo marítimo y la sensación de que, a pesar de no tener asueto oficial, tengo tiempo libre. Lo del tiempo libre es algo siempre muy, pero que muy relativo. Pero a falta de veraneo oficial, como en "Novio a la vista" de Berlanga, pasaré un verano completamente kuruñés rodeada de amigos, terrazas, conversaciones hasta las tantas, visitas encantadoras, cervezas-light-para-parecerme-a-Pilar-Rubio,y miles de novelas y libritos. Una, que es sosa y secunda las campañas de animación a la lectura del Ministerio.

No entiendo muy bien el que la gente compre libros para leer en verano. Leer para mí, como ver películas, comer, salir de cañas y despotricar contra el mundo, me parece un acto inherente a mi propia condición humana y a mi misma mismidad, que diría Yola Berrocal..(No, miento, Yola es la que dijo :"Vámonos, que es gerundio". Una crack de la gramática recreativa en dura competición con mis niños Erasmus). No comprendo muy bien el hecho de leer porque estamos de vacaciones. Yo leo porque me da la gana todos los días, a veces unas cosas y a veces otras, pero leo como parte de mi rutina diaria, o como medio para escapar de ella. En el autobús, en la calle, en la cama a falta de otras actividades, leo casi siempre. Pero hay algún librito que identifico con el verano y que quiero recordar ahora.

Un verano hace muchos años leí por primera vez a García Márquez. Muchos años antes había leído a la orilla del mar, en Bastiagueiro, "Los tres mosqueteros", colección Historias Juventud, mitad tebeo, mitad novela, gran iniciativa de Editorial Bruguera. Un verano más trascendente, con la trascendencia de los quince años, me papé "Bonjour tristesse" y de postre "La náusea". Por no hablar de la constante repetición en verano de "La montaña mágica" y fragmentos de Proust, porque, dicho sea de paso, soy una diletante paleta, que vive en una ciudad dormitorio, pero que siempre quiso vivir de hotel. La playa de Santa Monica en California, me trae recuerdos de la "Casa de campo" de Donoso. Y Perec sabe mejor en la piscina. Italo Calvino y su barón rampante asoman por la Curota de Ribeira. A McEwan lo identifico con un parque coruñës, en el que me ventilé gran parte de "Expiación" esperando a un chico que llegó muy tarde.  Larsson empezó a engancharme en Bryant Park en NY. Y la señora Nemirovski y su extraordinaria "Suite francesa" me acompañaron en un viaje sofocante de Amsterdam a Brujas.Soy omnívora en mis lecturas. Y variada también en los paisajes de mi verano.

Lo que quiero decir con esto es que lo que son para el verano son las bicicletas. POrque los helados, como las lecturas, son para toda la vida y para todos los momentos.Y en la bolsa de la playa de este año, en la mochila de todos los días del ferragosto vecino, tengo a Lisbeth Salander esperando, a Isaac Rosa también en standby así como a la dama memoriosa de Roncagliolo. No sé si son lecturas veraniegas propiamente dichas. No sé si tengo que ventilar o poner en remojo el cerebro también. Son las mías. Y, además, me gustan mucho. Felices lecturas de verano.

(Recomiendo leer "Una temporada en Venecia" de Wlodzimierz Odojewski porque acabo de terminarla ahora mismo. Y también escuchar a Tom Waits porque me voy en un rato al cine y lo voy a mandar callar)

 

 

 

02-05-2009

Asideros vitales, mundos de ficción, realidades duraderas

Entrada que viene de: En la mesilla, Reality bites - Princesa Sigrid @ 21:24

                                            Cama, amor y literatura        

 

Una vez escuché a Manolo Rivas diciendo que la poesía era la escalera de incendios de la vida. La literatura ya sabéis que es para mí un proceso paralelo,intrínseca y paradójicamente relacionado con esa "espuma de los días", con el cada vez más furioso devenir inexorable que es el tiempo. La literatura no es un fin, es una ayuda. Benditos sean los días que leemos, que escribimos o que hablamos, como me dijo Carlos una vez, "de todo lo que leemos y lo que vemos". En momentos en los que una está cruzada, o desengañada o cabreada contra el mundo, harta de creer que es una freak incomprendida o alguien demasiado popular, abre la novela El corrector de Ricardo Menéndez Salmón y se encuentra un párrafo como el siguiente, que habría querido leer de rodillas:

"A menudo Zoe, cuando me encuentra tirado en la cama con mi Onetti, mi Cheever o mi Kawabata en la mano, me llama cínico, eunuco y otras lindezas por el estilo. En esos momentos de rara armonía yo suelo sonreír como un buda ilustrado, abro el libro igual que un abanico y le propongo que nos demos un buen revolcón, pues sé que al regresar de su carne tibia, más allá del músculo y la vena, más allá de nuestro goce y nuestro sincero amor, siempre estarán ellos esperándome".

                                              Ricardo Menéndez Salmón El corrector

                                                Barcelona: Seix Barral, 2009  p.32

 

 

 

 

 

 

09-02-2009

El peso de la culpa y la orgía perpetua

Entrada que viene de: En la mesilla, Reality bites - Princesa Sigrid @ 11:14

 

 mujer leyendo sola

 

 

 

 

"A veces me animaba y me apetecía continuar leyendo. Cuando los días empezaron a hacerse más largos, pasaba más rato con la lectura, para seguir en la cama con ella mientras se ponía el sol. Cuando ella se dormía sobre mí y callaba la sierra del patio, cantaban los mirlos y los colores de los objetos de la cocina dejaban paso a tonalidades de gris más o menos oscuro, me sentía completamente feliz"

                                                         El lector Bernard Schlink

 Una de las mayores revoluciones que experimentamos los que tenemos la suerte de experimentarla es la de aprender a leer. Es, en realidad, el primer acto autónomo y propio que conformamos a nuestra voluntad. En aquel decálogo de derechos del lector escrito por Pennac, recuerdo, entre otros, el derecho a releer, a saltarse páginas, incluso, creo, a dejar que los libros se te caigan de las manos. Y a por otro. Con períodos de absoluta voracidad y otros de anorexia lectora, han pasado los años. No me importa hablar de lo que he aprendido, me gusta hablar de lo que he disfrutado, de la extensión salvaje de libertad y territorio único, de mi cuarto escondido, que eran y son mis lecturas.También he arrastrado, como una de mis primeras y negras losas que me han acompañado siempre, la culpa. Con la culpa previa al miedo, que es la peor, culpable por no ser la mejor, culpable por ser la del medio, culpable por no tener la vida que esperas…culpabilidades de aficionada a la culpa, en realidad y producto del tormento provocado por la falta de amor a uno mismo y, en definitiva, la pamplina occidental.

 En El lector asoman dos paradójicas facetas del ser humano: somos capaces de emocionarnos ante la más exquisita de las líricas, y somos capaces de embrutecernos ante el horror que apoyamos silenciosamente como fórmula de supervivencia. Al asomar la guadaña del ajuste de cuentas con nosotros mismos, algo que la autoculpabilidad provoca sistemáticamente, nos vemos como en realidad somos: juguetes del destino como Romeo o campesinos desdentados como en Gringo Viejo. No sé cómo será un día a día en la guerra. Lo "irremediablemente cotidiano" en la excepcionalidad cotidiana. Sigue habiendo lugar para hacer el amor, para tomar un café o sucedáneo, para hablar, para remendar un calcetín. A pesar del momento excepcional. Del hambre. De la angustia de que vengan a por mí.  o del alivio de que vayan a por el de enfrente y me regalen una tregua incierta…Después de Auschwitz es posible que exista la lírica, pero no otra, sino la misma. Seguimos siendo lobos con nosotros mismos. Y el Holocausto existió. Y Gaza también existe ahora. Y las generaciones de jóvenes que no entendieron cómo sus padres pudieron convivir con el exterminio  sin inmutarse, también. Y la culpa de nuevo. Y de nuevo la evasión por parte de la literatura, de la ficción, o, si queréis, de la mentira…. Hanna y Michael, los dos personajes de esta historia, representan, los dos, los mismos valores. Los del ser humano. Porque tenemos también la voluntad de salir adelante a pesar del ostracismo. La cobardía y el arrojo en la misma persona. El pudor y el descaro más absolutos. El olvido y la memoria.Y el disfrute gozoso de que alguien nos lea mientras apoyamos la cabeza en su pecho y nos proporciona el hermoso, nuevo y fascinante viaje de la ficción…

Ya lo decía Flaubert. Es la única forma de soportar la existencia: sumergirse en la literatura como en una orgía perpetua. Yo lo sabía antes de leer a Flaubert porque, además de cobarde, soy una desmemoriada.

30-01-2009

Ante un fin de semana de temporal…

Entrada que viene de: Pinículas y flims, En la mesilla, La flor de mi secreto, Amigos y vecinos - Princesa Sigrid @ 14:42

Silvana en el campo, en combinación y descalza

Este fin de semana me toca, como dice mi amiga la Rabuda, "momento Cocoon". Alertas naranjas me avisan no sólo de un necesario descanso-estoy realmente agotada-sino de la posibilidad de que se nos caiga de nuevo el cielo encima. ¿Posibilidades? Peliculitas, libritos,a saber :

El lector de Bernhard Schlink, Memoria de cidades sen luz (estou rematando, a reseña vai para a semana que ven) de Inma López Silva, y, si llega a tiempo a mi librería favorita Nova Colón que es un charco (lo siento Bego, de verdad) tras el temporal, Los domingos de Jean Dezert de Jean de la Ville de Mirmont (Me apasiona este nombre, tipo Fanfan la Tulipe o heroíno prerrevolucionario y rococó francés). Con ese nombre me imagino a un señor muy empolvado con peluca debatiendo sobre la existencia o no de Dios (Ridicule, de Leconte, gran peli, no sé qué opinas Robert :)

Películas: Me pega que me voy a ver otra vez La mejor juventud de Marco Tullio Giordana (en italiano, con un par,).Sólo los créditos ya me encantan, y mi pasión por Italia se reverdece, a pesar de su crudísima historia, me siento superitaliana…qué ganas de volver….no, no, Sigrid, céntrate que estás juntando pa un ordenador nuevo y ya te vas a London en tres semanitas (olé,olé). Bueno siempre puedo verla caracterizada de italiana buenorra, en combinación negra y descalza, con un moño medio deshecho…será lo mejor.

Más posibilidades: visitas que me encantan y me llenan la casa de humo, de risas, de cariños y de todo, todo lo necesario para seguir adelante. Momentos interneteros deliciosos con algunos recién llegados a mi vida-Gracia, please,explica la teoría de las cuerdas en el chat del programa de Fernando Berlín-y cortesía bloguera (Agustín, Jean, Lula y muchos más, os tengo abandonados, pero es que no tengo tiempo pa ná). Prometo leerme posts antiguos y toooooodos los feeds profesionales que llevo acumulados estas semanas. También tengo que escribir un pequeño texto cabaretero,a ver qué me sale, pero eso es un placer también…

Y claro, la posibilidad más interesante es la de compartir tarde de lluvia y mantita con calorcito de pecho ajeno… pero mucho me temo que seguiré buscando a Riccardo Scamarcio en la mentada peli-por Dios si alguien lo ha visto, que avise-e imaginándome tórridas escenas bajo el sol de la Toscana. Todo se andará.

Feliz fin de semana. Y agarraos bien a las barandillas.

 

 

 


09-01-2009

Querida Lisbeth Salander

Entrada que viene de: Pinículas y flims, En la mesilla, Reality bites - Princesa Sigrid @ 11:33

Mrionetas de la vida

Querida Lisbeth

Te sonará extraño que te escriba pero ya eres tan parte de mí como mi sombra. Estarás poniendo en este momento la mueca torcida de la sonrisa que no sabes esbozar ante este repentino ataque de empatía por parte de una desconocida. Empatía, qué atrevimiento. Cuando te conocí, cuando nos presentó Stieg Larsson en el tomo 1 de Millenium  supe de ti que eras una inteligentísima documentalista, una superviviente nata, una robinhood informática y más efectiva que el 016. Tuve momentos en que te imaginé como una Lara Croft de cuarenta kilos, que tras el disfraz de freak asexuada escondía un sentido de la justicia como pocas heroínas de novela. Hoy, cuando he concluido la segunda parte de Millenium creo que tienes más de Amélie Poulain.  Sí, no esboces de nuevo la mueca. Hay que tener mucho valor para soñar con un bidón de gasolina y una cerilla. Pero hay que tenerlo más para esconder en las tinieblas de un corazón el dolor provocado por miles de malestares y seguir viviendo. Porque Lisbeth, ahora entiendo por qué odias a los hombres que no aman a las mujeres. En tu historia había retazos escalofriantes de desenfreno, de crueldad inaudita, de desidia profesional y nula visión por parte de los que te cuidaron. Pero ahora que he concluido el dossier informativo de disparates encadenados que conforman tu historia, no puedo más que arrodillarme ante ti. No soy quien para aplaudir tus decisiones. No soy quien para juzgarlas. Pero cuando todo falla, cuando se rompen las amarras vitales y traspasamos la escasa inocencia concedida por los pocos años y los muchos dolores hacia un futuro donde somos adultos a los trece años, no hay más remedio que dibujar una frontera. La frontera de "Todo Lo Malo". No puedo compararme contigo. De ahí mi atrevimiento al hablar de empatía. Pero muchos tenemos un "Todo Lo Malo". No tan explosivo como el tuyo, perdona el humor negro. Pero esa caja de sorpresas conocidas que si la abrimos tiene un triste payaso sonriente como resorte y metáfora de los corazones rotos es paisaje común para muchos.

Yo no puedo consolarte. Puedo pedirte perdón. Qué bobada, ¿verdad?. Eres carne de papel y tan liviana como las páginas que te sostienen. Pero estás detrás de muchos rostros. Eres el símbolo de muchas. De alguna niña maltratada hasta el coma porque sí, por ser pequeña, débil y blanco fácil. De algún alumno con talento al que no hemos sabido llegar y ha engrosado las listas de los fracasados simplemente por no haber hallado el camino adecuado a su genialidad. Del silbido de disimulo del claustro de profesores ante la constante burla y escarnio de alguna chica que escapa a la silueta gregaria de la esbeltez. No sé si alguna vez te he visto. Supongo que sí. Te he visto pero no te he mirado. Por eso te pido perdón. Ah… y admite mi admiración franca. Hay personas que no sabemos pelear, otras que no tienen ni media galleta de sensibilidad. Pero por mucha fría ecuación que resuelvas hay una Amelie escondida. Y eso lo sabemos algunos lectores. ¿Y sabes quien lo sabe también? Kalle Blomkvist de los Cojones.

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina Stieg Larsson. (Segundo tomo de la trilogía Millenium)

 

 

28-10-2008

Cuentos troquelados, lecturas y meriendas

Entrada que viene de: En la mesilla, La flor de mi secreto, Melancolía kitsch y de abuela cebolleta - Princesa Sigrid @ 10:59

Mariuca, la castañeraEl martes pasado, paseando por una de mis calles favoritas de Marineda, me encontré una sorpresa agradable. Vuelven a editarse los cuentos troquelados. No pude resistirme y me compré una reedición de uno de los cuentos que recuerdo con mayor nitidez de mi infancia más "terremota": Mariuca, la castañera. Dibujos de Ferrándiz, que como me pasaba con Hanna Barbera nunca sabré si es un hombre, una mujer, dos señoras estupendas o un cronopio, aunque me da igual. Abro el cuento. Con los hombros cargados de años y ficciones complicadas, la ternura y el olor de este papel, el pijamita que se pone Mariuca, las caritas de los niños que compran  boniatos, la bronca de la dueña del puesto de castañas me conmueven tanto, tanto, que quiero no haberlo leído nunca para leerlo por primera vez. Viajes en la memoria, de meriendas con mortadela, de Nocilla los días de guardar, de programaciones infantiles en las que aprendías a hacer un muñeco con el rollo de cartón del papel higiénico, de Luis Ricardo cantidubidubidubi, cantidubidubida…y de tardes enteras con Stevenson, Salgari, Poe, Louise May Alcott, Walter  Scott  y la inevitable Enid Blyton. Todos mis libros y mis cuentos de aquella época tienen manchas de chocolate y huelen a Mirinda. A los hermanos Malasombra. A Ivanhoe. Pero todo empezó con los troquelados, con las mariquitas recortables, con los discos Dulcigel y la Flagolosina flá. Y parecía lógico generar un hambre de ficción y de lecturas, de seguir los pasos de Arturo, de llegar a Thule, de aceptar el peinado imposible del Príncipe Valiente, de recorrer los Mares del Sur, de la isla de Kirrin y la mítica cerveza de jengibre. Pensionados, internados donde se vivían fiestas de medianoche. Y se jugaba al lacrosse.

Y luego llegó Macondo, el condado de nombre imposible de Faulkner, el sur de Twain, la casa Usher., la Venecia de Thomas Mann, Región y Barcelona. Pero todo empezó ahí. En la capacidad de emoción de una breve historia. A pesar de la moralina que aprecio con mis tristes ojos de adulta. Porque por desgracia, nunca, nunca más volveré a leer Mariuca, la castañera por primera vez.

P.D.Más adelante mi madre me castigó por gastarme 125 pesetas en un single de Miguel Bosé (Super, Superman. Qué buen criterio tiene esta mujer).