Anchoas y Tigretones

06-12-2011

Este blog se cambia de casa

Entrada que viene de: La flor de mi secreto, Amigos y vecinos, Reality bites - Princesa Sigrid @ 20:11

 

Blogsome, la casa que ha albergado estas letras digitales, cierra, parece ser, mañana mismo. Nos vamos con la música, los posts y las imágenes a otra parte. Llevaba un tiempo pensando en congelar este cuaderno digital o bien cerrar la taquilla para siempre. Finalmente vamos a intentar mantener  las ganas, aunque en otro entorno.

Este blog está migrado, de forma espartana y minimalista, a Wordpress. Conservamos el nombre, pero no sabemos aún muy bien movernos en este paisaje de tipografías y colores de la nueva casa. Me entristece un poco pensar en que solo quedarán en mi memoria estas pinups, la columna de la derecha con Bolaño y Perec, las filosofías empaquetadas de Bárbara Krüger. Por fortuna, en todas las cajas de esta mudanza van vuestros comentarios, mis respuestas, las hojas digitales de un calendario de tres años.  MI blogroll, algunos amigos que se esconden tras esos nombres, ellos viajarán conmigo a ese nuevo domicilio. Me consuela pensar que lo único que hago es cerrar un álbum y empezar otro. Ya no tendré a mi chica lectora  de cabecera, esa que nos miraba, entre perversa y concentrada, saltando las líneas, espiando mis ojos. No sé si la recuperaré como marca de la casa: quizás en esta nueva etapa me apetezca conservar simplemente el nombre: las anchoas y los tigretones. Y a mí, que ya es bastante.

Estamos empezando una nueva etapa en anchoasytigretones.wordpress.com. Os espero allí en unos días.  

01-12-2011

1 de diciembre, mudanzas y acarreos

Entrada que viene de: Amigos y vecinos, Reality bites, Sociología aficionada, De jardines ajenos - Princesa Sigrid @ 11:45

Calendarios de Adviento

 Fotografía de Jenny Cestnik (jcestnik) "Advent calendar" tomada en su tienda de golosinas  favorita, Rodger’s chocolates of Canada, y compartida con licencia Creative Commons en Flickr

Todos los días 1 de diciembre me acuerdo de los calendarios de Adviento. Me los traía mi madre a finales de noviembre, eran una ilusión fugaz y absurda, una alegría más que se sumaba a la preparación del concurso de villancicos del cole, las castañas asadas y los turrones primerizos, el frío en la nariz pegada a los escaparates que visitarían los Reyes. A principios de diciembre brillaban mucho más las guirnaldas. Porque diciembre es ese principio y ese final. Hay un horizonte de luces poblado por improbables vacaciones, consumismos y paparotas a punta pala, amigos que vuelven de lugares que en el mapa siempre son más exóticos y apetecibles que cuando tú misma los pisas. Otros que no están o quizás nunca estuvieron. Quién sabe.

Yo siempre hacía trampa. No esperaba día a día a ir levantando las tapitas que me descubrían  una pastora con cestita y delantal, una ovejita perdida, una pandereta o un bastón de caramelo de rayas rojas y blancas (¿alguna vez alguien ha comido uno de esos? Yo sueño a partes iguales con esos bastones y con las fuentes de chocolate fondant de Willy Wonka. Y con cosas mucho peores, pero vamos a dejarlo). El caso era adelantarse, buscar, adivinar. Sabía en el fondo que lo único que había eran dibujos, tiernos, dulces, efímeros. Que se desvanecían en mi memoria una vez vistos por primera vez y propiciaban la bulimia ansiosa del día siguiente. Como el arrugado papel de regalo de un cumpleaños. Ya no sirve, a por otro a ver si es mejor. 

Hace mucho tiempo que no tengo calendario de Adviento. Creo que porque ya recuerdo las fechas sin necesitar chuleta. Hoy, 1 de diciembre, es el día mundial contra el SIDA. En diciembre tuve esas imposibles vacaciones: En Porto, en Madrid, en los bosques de Asturias. Compartí con mi familia las fiestas. Jugué a la lotería. Y terminé años con uvas y champanes, con Martes y 13  y con esperanzas. Nunca he odiado la Navidad. Quizás he esperado mucho más de ella, es posible. O porque siempre he querido saber más o adelantarme. O tener certezas positivas y no escuchar los cantos agoreros. Y quiero conservar cierto grado de inocencia para mirar al mundo, para esperar debajo de las ventanitas algo mejor cada día. Ahora me resulta difícil con la que cae y con la que dicen que va a caer. Lo dicen  esos agoreros, los mercaderes y los tertulianos de sofá fijo. Quizás para tenernos tan acojonados que aceptemos sin rechistar un recorte más, un puesto de trabajo menos, una subida de precios más inadmisible e inexplicable que la anterior. Y mientras sorbamos anestesia (el que pueda, el que tenga tarjeta sanitaria, claro está) podamos pensar en qué momento entregamos parte de nuestra confianza o nuestra desidia a qué representantes, a qué medio de gobierno, a qué sociedad que construimos. Y todo esto suena a cristiana de guitarrita, ya lo sé. Pero es que lo público, que es deficitario, se está disolviendo como si nada. Y los derechos también. Y vamos a necesitar un gran embudo si queremos tragar algunos posibles dibujitos que se adivinan bajo esas ventanitas del 2012. Porque los que las están dibujando son los que hacen las leyes. Y, en consecuencia, la trampa. Si es que parecemos gilipollas: Humpty-Dumpty ya lo sabía. 

Este blog migrará proximamente a una nueva plataforma. Avisaremos de la nueva dirección en breve.

23-11-2011

Batutas

Outside the Cabaret Voltaire. Imagen de cometstarmoon en Flickr Creative Commons 

 

Creo que ya he contado alguna vez lo mucho que me gusta Tom DiCillo. Me costaría mucho escoger una de sus películas. Desde la amargura dulce de Box of moonlight-hasta veo guapo a Turturro-a la mala leche de Living in oblivion donde se regodea en el ombliguismo creativo del cine indie-aquí hasta veo guapo a Buscemi. (Nota mental—> hay un interesante trabajo sin hacer que relacione la mala baba de DiCillo con el Hecht de Los actores son un asco. Tengo que disciplinarme y pasar estas notas mentales a Evernote y de ahí, hacer algo. Sigo). DiCillo me encanta por su falso pijerío, su brillante y estético corte de mangas a lo obvio, su acidez y, desde luego, su habilidad para moverse como una socialité en un mundo que conoce bien y al que retrata con humor disparatado y sin piedad. Será por algo. 

Mi película favorita de DiCillo, no puede haber post sin paradoja de la prota, es The real blonde. Por todo :las reflexiones de Modine sobre actuación, vida, talento artístico y sus patéticos intentos por destacar en el video de Madonna. Me parto con el descubrimiento de Daryl Hannah como real blonde por parte de Maxwell Caudlfield que hace de sí mismo y de todos los personajes que ha interpretado. Pero, sobre todo, sale  mi adorada Catherine Keener soñando con sus superpoderes destructivos. Sí, me encanta esa escena en la que cree que con su mirada dura y extendiendo los brazos se convierte en una superheroína que reduce a guiñapos a dos petardazos machistoides. Siempre me ha parecido terapéutica y redondísima. A mí me encantaría fulminar así, que conste. Tener ese poder oculto bajo una apariencia anodina y normal-bueno, mi Catherine es cualquier cosa menos esos dos adjetivos-y, como un Clark Kent verosímil (de periodista estaba demasiado bueno para que no supiésemos que ahí había algo grande, con perdón) despojarme en un momento de mi cotidianidad y coger la batuta que dé la vuelta a las cosas. Poniendo puntos sobre las íes.

Hablando de batutas… Ayer, en un momento nostálgico, salió a relucir aquel programa de la tele de nuestra infancia llamado "El mundo de la música" (Fran, nos acordábamos de todo, somos muuuuy mayores, tío). Salían unos niños muy repeinados, muy listísimos y de conservatorio que, a los dos compases, sabían hasta la genealogía de la partitura. Esto, obviamente, es una exageración.Bueno, o no. Lo que era verdad es que sus conocimientos musicales eran extraordinarios, la frescura con la que se referían a un mundo de corcheas, pentagramas y claves de sol, para mí desconocido, los hacía dueños poderosos de una nueva sintaxis, de un planeta ignoto y maravilloso que yo no exploraba. Y recibían de premio una batuta. ¡Una batuta! Hoy, con mis ojos de adulta (y creo que también lo pensaba en esa época) la batuta me parecía un poco quiero y no puedo. Creo que Angelines Morales (que era la presentadora, gracias Google) o el maestro Asensio deberían haberse estirado un poco más y regalar, como mínimo, un disquito, digo yo. Pero los críos cogían la batuta con devoción, con cuidado y mimo. Leo también por los internetes que ha habido un intento de recoger esas batutas entregadas hace tantos años. Yo, como ya dije, no fui al programa por lo que no tuve premio. Me dieron una batuta a los dieciocho años que era, como habrán adivinado, el derecho al voto. Debo usarla de vez en cuando y lo hago, no sé ya si con convicción y mimo o con resignación y poca fe. Y luego me la guardo (o más bien me la envaino) hasta la próxima. Y leo resultados de las elecciones y creo que la batuta que yo tengo es un premio de consolación que no refleja muchas cosas. ¿Que por qué empecé hablando de la Keener y de los rayos paralizadores? Pues porque quiero superpoderes, detener el tiempo, que mi voto cuente como lo que es: un voto no perdido. Y, hombre, si puedo usar mis rayos de mala malosa para hacer callar a algunos, mejor. O que vayan de una patada en el culo a la carpeta del spam. Mira qué bien me ha venido Dicillo. Será por algo, ya lo decía yo al principio.

 

16-11-2011

Preparados, listos…y la madre de Ranganathan

Entrada que viene de: Lugares sin encanto, Frikerío, frikerío, Profesiones con futuro - Princesa Sigrid @ 10:31

Fuera malos rollos

Imagen de Gil Elvgren

Quizás este post consiga que yo siga haciendo amigos, ironic mode on. O quizás, simplemente, no sirva, como muchas otras cosas, para nada. Pero como esta tribuna es libre y gratuita, pues ahí va.

Muchos de los que puedan leer esto habrán pasado por procesos de selección. No me refiero únicamente a leer los síes en unos ojos hermosos o a que te den la banda de la mejor de la clase. Hay selecciones que, como todos sabemos, son duras y crueles, cainitas y deslenguadas. Hacer exámenes, jugarte mucho a una única carta, competir, colgar tu idea del talento de un clavo ardiendo, es difícil y amargo. Ayer alguien me dijo, comentando una lista de notas de oposiciones (¿por qué coño hay  gente a la que le mola tanto hacer eso? ¿Es que no pueden leer novelas o periódicos?) que estaba claro quién era inteligente y quién no: los que tenían de x nota hacia arriba, supongo, entraban dentro de este concepto de pequeña mirada, territorio limitado y amplitud cuestionable. A mí directamente, es que hay planteamientos ante los que me da mucha pereza ya no discutir, sino conversar. Me temo que no tengo nada que ver. Y, caramba, no sé si me sitúa en mejor lugar. Simplemente, me coloca en otro.

Servidora se ha presentado a alguna que otra oposición. Habrá estudiado más o menos, algunas las ha aprobado (tres, si no recuerdo mal) sin obtener plaza. Otras veces fue de paseo y salieron mejor o peor, también dependiendo de las circunstancias en la vida, de la autocompasión del momento o de la mayor o menor pericia. Y muchas, muchas veces se ha autoboicoteado. O ha dejado que la convenzan de que no "era para ella", que había "mucha gente" y que no "valía la pena". Cuando uno no está precisamente en el limbo, es decir, que se interesa por temas profesionales y no solamente por los baremos de un concurso de méritos o por sacar la lengua a paseo, hay ciertas maneras que le dejan con cara de idiota. Influye también el ser poco competitiva y dispersa, qué le vamos a hacer : me interesan muchas cosas, desde escribir este blog al teatro o el cine. Eso no me hace mejor persona. Pero sí creo que las conspiratrices, los maledicentes, los que interrogan y malmeten, deberían dejar a los muertos que entierren a sus muertos. Y dado que no queda más remedio que intentar hacerlo muy bien, lo cual no es garantía de éxito,hay que entender, como dice un buen amigo, que esto es una carrera de fondo (de armario). Y que va a durar meses, con sus correspondientes semanas y días en los que tendremos que vernos las caras en muchas ocasiones. Pues ponedla buena, coño. Que lo que esté para ti estará para ti. Y ni los interinos llevan la letra escarlata tatuada ni las señoras mayores lo hacen tan mal. Lo que es necesario, desde luego, es estar tranquilo y estudiar mucho. Y los que quieran subterfugios y rarezas que me dejen en paz o utilicen los cauces pertinentes para reinvindicarse. Yo seguiré pensando en la madre de Ranganathan y en todo lo que me queda por trabajar. Y me alegraré, con la boca más o menos pequeña, tampoco soy tan buena tía, de que pasen algunas personas que me caen especialmente bien. Y, mientras tanto, manos a la obra. 

 

 

10-11-2011

Inventarios (4)

Entrada que viene de: La flor de mi secreto, Amigos y vecinos - Princesa Sigrid @ 11:15

sitting naughty

Para Pilarinking, que me regala tantas líneas. 

Un buen día, ella decidió hacer inventario de escondites. Pensó que, quizás, ahora que ya no los necesitaba, podía regalar ese Avalon particular. Quizás era buena idea dibujar un mapa. Abrió una botella de champán y así, a morro, comenzó a brindar por ellos mentalmente. Estaba el rincón del gimnasio, tan esquivo de la luz, tan acogedor de la timidez de la camiseta y el pantalón corto. Aquel otro ángulo, lejos de la elasticidad de las melenas rubias y los pantalones pitillo, un país sin conquistar en aquella discoteca que tanto molaba. También fue su territorio, su dorada medianía, el siempre coqueto y protector penúltimo pupitre de la fila. Ese que, como los hermanos a medio camino entre la primogenitura y el resultado de una siesta tardía, campan por sus respetos ante la la indiferencia familiar. Se acordó también, cómo no, de la nunca bien ponderada fila cuatro del cine, esa en la que podías alimentar tu frikismo cinéfilo tapada hasta el cuello con la trenka y la bufanda. Hizo su particular homenaje a todos aquellos probadores, baldas de biblioteca, mesas de cafetería y cabinas telefónicas que le habían permitido ser invisible cuando lo había querido. Aquel don del miedo, o de la prudencia, que le regaló tiempo para observar, para crecer y para alimentarse de ruido ajeno. Y claro, un buen día, los rincones se le quedaron pequeños. Y oscuros. Pensó que no estaría mal salir de los refugios invernales para sentir la nieve derretida bajo las botas. Y se adelantó en la fila de clase. También saltó al potro en gimnasia. Y se aventuró a ocupar el asiento de las más populares en el autobús. Lo de la discoteca fue más complicado porque en realidad le quitaron el sitio. Decidió que no estaría mal conservar lo mejor de los dos mundos y establecer un equilibrio entre singulares y plurales. Salió a la calle, tiró la botella al contenedor del vidrio y contestó sus llamadas perdidas de móvil. 

03-11-2011

Be punk, my girl

Entrada que viene de: Amigos y vecinos, Sabiduría popular - Princesa Sigrid @ 13:18

 

 Imagen tomada de http://shadowness.com/ Children of the revolution

 

 Para Nelson Quinteiro y las chicas de Femme Fatale, que nos regalaron al público del Teatro Rosalía de Castro un espectáculo maravilloso: "As nenas perdidas"

Perdidas son algunas llamadas, algunas vidas, algún esbozo arrugado en el bolsillo de posibilidades. Para perderse antes hay que encontrar, y también al revés. Como para escuchar y callar, para tomar la voz y articular autobiografías, antes hay que haber habitado las tormentas. Es un equilibrio difícil. Como lo es el no tener miedo al abrir los baúles del desván y eso que antes hay que subir las escaleras a oscuras. Baúles con cuadernos sin estrenar y con libros escolares ya inútiles, con los camisones que se convierten en trajes de noche y con  el tiempo abrazado a la fantasía. Con las horas que, armadas de espadas de madera y vocabularios imposibles, arrinconan los relojes y la oscuridad, castigándolos al viejo cuarto de las escobas. Y querer seguir jugando, con otras reglas, con otros equipos, es el pequeño futuro. Y para eso, claro, hay que salir de Kensington Gardens, hay que haberse asomado a muchas madrigueras y tomado muchos tés con un Sombrerero Loco. Incluso, y ya si alguien me apura, haberle dado un buen corte de mangas al lobo y decirle que que le den y que espere sentado en el bosque. Que tú eso de ir derechita a casa de la abuelita y un huevo, que pasarás a decir "hola" pero que luego te vas con tus colegas. Por ejemplo. O a donde te salga de la línea de flotación. 

Es verdad: Barrie se pudo olvidar de las Niñas Perdidas cuando diseñó ese permanente día de la Marmota que es Nunca Jamás.  A Wendy, previa conciliación laboral, se le adjudicó el papel de sufridora en casa. Y se perdió lo mejor : decidir. Porque para volar (a Nunca Jamás, a París, o, insisto, a donde te salga de la línea de flotación) tienes que haber tenido muchos aterrizajes forzosos. Y volver la vista atrás, a ese camino de baldosas amarillas y ponerle un "post-it" de mapas y brújulas para, acto seguido, mirar hacia adelante. Y diseñar, por ti misma, las reglas de tu propio juego que durarán lo que tú quieras que duren. Peter Pan, que en el fondo era un "Ni-Ni" que quería que se lo tuviesen todo hecho y que le den más que al lobo, solo sabía el camino de ida. Las Niñas Perdidas están de ida, de vuelta y de lo que les dé la realísima: para aprender hay que ser curioso y para eso hay que estar en el mundo, en el propio y en el de los demás, en el que puedes ser karateka, antidisturbios o física nuclear, madre y amiga, hija y hermana. Y punk, coño. Lo que tú quieras. Con tu equipaje de sueños y vida, con una buena botella de tequila o Coca-Cola Light, con tus kilos, con tus huesos, con tu voz cascada y con tu tabaco o tu yoga. Con remiendos en el alma y  sonrisa en el espejo. Y seguir siendo una niña que se pierde porque quiere, que encuentra muchas cosas y que habite aún en el desconcierto. Ese que hace que la infancia nos fascine. Tanto como para dejarla atrás y llevarla a la vez de maleta. Porque como dijo alguien alguna vez, hay que ser tierno y a la vez subversivo. Vivan las contradicciones. Be punk, my girl. 

O espectáculo "As nenas perdidas" da compañía Femme Fatale estreouse o pasado sábado, 29 de outobro, no Teatro Rosalía de Castro na Coruña, como colofón do Festival Galego de Cabaré.

26-10-2011

En un cuaderno Moleskine (14)

Entrada que viene de: La flor de mi secreto - Princesa Sigrid @ 13:43

Te miro desde el sofá haciéndome un chocolate 
 Imagen tomada de Library-Misconceptions. ¡Gracias! :-)
 
Este es un apunte de futuros. Está escrito en la parte del Moleskine que lleva pegada un calendario al que, con atinada precisión, le han volcado encima algo parecido a chocolate y no se adivinan las últimas dos cifras…puede ser 2012, 2013, o incluso el 2011.  Y es curioso porque me recuerda a algo que he leído no sé dónde: 
 
 
"Llueve muchísimo y la luz de las farolas, todavía tímidas y con legañas, apegadas al horario de verano, se estampa contra los cristales de este despacho. Y es perfecto imaginar llegar a casa y pasar la tarde con la cabeza en tu regazo, adormilada, mientras tú lees con el poco espacio que te dejo, apoyando el libro en el  extremo del sofá. Quizás, en algún momento, tú me muevas suavemente para levantarte e ir a la cocina, preguntarme si quiero algo o, sin decirme nada, me prepares un chocolate caliente y me lo des así, a cucharadas pequeñitas, con mimo. Riéndote de mi voz pastosa al medio despertarme e intentando encontrar cosquillas donde hay carne. 
Y que lo único que queramos de esa tarde de siesta y lectura sea esperar a que las farolas, de nuevo, vengan a iluminar los cristales, taparnos con una manta, indagar en nuestra piel y escuchar la respiración del otro. Y tú me dibujarías y yo a ti, eso sería todo. Sin palabras habríamos pasado toda la tarde conversando.Y no te habrías dado cuenta de que, en todo este tiempo, has estado entrelazando tus dedos en mi pelo y yo me he abrazado a tu cintura para no caerme."
 
 

24-10-2011

Lectura, erudición (VII)

Entrada que viene de: De jardines ajenos - Princesa Sigrid @ 08:24

Leyendo en la cama

 Imagen tomada de beingbrazenbooks.blogspot.com

 

"Yo también leía en la cama. En la larga sucesión de camas en las que pasé las noches de mi infancia, en extrañas habitaciones de hotel donde las luces de los automóviles que pasaban por la calle barrían misteriosamente el techo, en casas cuyos olores y sonidos no me eran familiares, en chalés veraniegos pegajosos  por la espuma del mar o donde el aire de montaña era tan seco que me ponían cerca una palangana humeante con agua de eucalipto para ayudarme a respirar, la combinación de cama y libro me proporcionaba algo semejante a un hogar al que siempre podía volver, noche tras noche, donde fuera que estuviese. Nadie me llamaba para pedirme que hiciera esto o aquello; tampoco mi cuerpo necesitaba nada, inmóvil bajo las sábanas. Lo que sucedía estaba sucediendo en el libro, y era yo quien contaba la historia. La vida seguía su curso porque yo pasaba las páginas".

 

                                           Alberto Manguel Una historia de la lectura

                                                                 Alianza, 1998 p. 180-181

                                                                 

                                                                    

 

 

21-10-2011

Juegos reunidos

Entrada que viene de: La flor de mi secreto - Princesa Sigrid @ 10:14

Jugar a cocinar

El juego empezó sin repartir cartas, ni fichas, sin tableros de por medio. Sin posibilidad de hacer tablas ni exhibir el disimulo del que, como quien no quiere la cosa, se acaricia levemente el lóbulo de la oreja. No: era un planteamiento de viaje y ella, que procuraba la prudencia en todos aquellos alfabetos que él le regalaba, así lo entendió. Como en las tardes en que los límites tendían a infinito, él señalaba la línea de salida y hacía el disparo al aire. Y le pidió que decorase algún momento con una copa, una comida y una banda sonora. Ella se enteró, por ejemplo, de que a él le gustaría escuchar a Nick Drake antes de pasear un sábado por la mañana por la Fnac y también tomarse un desayuno contundente. A él le sorprendieron los Guns and Roses y Etta James saltando entre el expresso y las tostadas. Sin embargo, una tormenta repentina  les pillaba con Eliane Elias y Sinatra golpeando la ventana en forma de gotas,con el trajín de preparar un rape flambeado y bebiendo un tinto delicioso. También que, a pesar de lo mucho que se lo habían prometido a Paul Weller, algún picnic casero e improvisado llevaría champán y Gershwin. O  bocadillo de Nocilla con Coca Cola Zero, que es la gran merienda contradictoria. Y que en la geografía que no comparten se puede recorrer en un coche diminuto la costa en invierno, dejando que suenen los Pogues y Richard Thompson. Y comer aceitunas, cacahuetes y almendras en el sofá, trasegando sendas Coronitas y que termine el día así, sin más, yendo de los renglones del libro a unos labios, con Prince y Ute Lemper peleándose por ocupar su espacio en el aire. En un momento dado, se quedaron callados, y cada uno, mentalmente, perfiló posibilidades. De islas y de futuros. 

A ella le encantaba que, de vez en cuando, él le hiciese trampas. Y él, aunque no lo confesaría nunca, sabía que ella le dejaba ganar.  

16-10-2011

Estaciones del año y lo que viene detrás

Entrada que viene de: Pinículas y flims - Princesa Sigrid @ 13:27

 

Gerry y Tom

Ahora, en octubre, con las aulas atestadas de nuevo, con el sol luciendo obscenamente y sacándole la lengua y los colores al julio lluvioso, parece que tomamos carrerilla para un último trimestre que traerá muchos cambios. Carrerilla, indignación y protesta en la mitad de este mes. Reflexión y espera, ajustes de cinturón, desencantos y alguna esperanza.  Me acuerdo de un traje de la Nancy que se llamaba "Otoño loco". Era un trajecito de punto marrón, con unas franjas amarillas a la altura del pecho, con una mini muy sesentera. Yo no entendía por qué se llamaba así, el otoño no era ni loco ni cuerdo, era la primera evaluación o la segunda. Luego comprendí que era un comodín, un mal llamado fondo de armario que siempre tranquiliza y da seguridad. Mi padre decía siempre que habría que cambiar la palabra "cambiachaquetas" por la expresión "los del pantalón gris" porque iba bien con todas las chaquetas del mundo. Eran otros tiempos y otras chaquetas, ojalá alguno tengamos algo que echarnos a los hombros cuando llegue el frío gélido de verdad. Winter is coming… 

Veo una película que tiene cuatro episodios, cuatro momentos del año. A mí, que me gustan tanto los resúmenes de noticias, conservar dietarios y releerlos, con sus santorales, cumples anotados e indescifrables añadidos, me atrae el título, lo que intuyo, lo que creo que quiero ver. Está muy lejos de los cuentos de las cuatro estaciones de Rohmer. Está más cerca de una sala de estar inglesa, con sus cretonas y omnipresente tetera. Las cuatro estaciones, en un año, de un matrimonio maduro, compañero, feliz, sonriente. De chistes privados y lecturas con cojín y gafas en la cama. Y los que les rodean: el hijo que crece y se empareja, el hermano viudo y desorientado, la amiga casi impuesta por la lástima o la compasión. Y la comprensión de la soledad : esa soledad que aterra a algunos y les hace tener comportamientos desesperados, patéticos, invasivos. De horarios extraños, de vidas que hay que narrar en alto para darle al interlocutor la capacidad de saber que es todo una fabulación incoherente. El alcohol entrevisto como un somnífero que hace pasar el día a día aplazando el dolor de la mentira, de la resaca  indefinida y postergable. El depender de un entorno mitificado, de la compañía regalada casi como una dádiva para los que la dan y que es oxígeno para el que la recibe. Y cambia lo que vemos a través de la ventana en forma de copos de nieve, hojas amarillas o árboles en flor. Las cuatro estaciones son contenedores a los que cambiamos las cortinas pero dejamos el mismo fondo de armario. Y la imagen es tierna y despiadada a la vez, conmovedora y gris, pero también agresiva. Y pienso, como no, en la triste mueca de la soledad en pareja, en la soltería vocacional o en los amores imposibles. Y "Another year" que así es como se llama esta película me parece mucho más interesante cuando dejo de verla y empiezo a pensarla en todas sus "no-posibilidades": en sus antipersonajes, en su antihistoria. Por eso no sé si recomendarla. O mejor, sí, para verla después del otoño. Como dice el padre de un amigo: "Isto ten trastenda". Pois iso. 

Película: Another year (2011).