Anchoas y Tigretones

09-02-2010

Despertares (5)

Entrada que viene de: Pinículas y flims, La flor de mi secreto - Princesa Sigrid @ 10:24

 

 

Una misma en su misma mismidadPara el Dr. Lecter de parte de Clarice: quid pro quo

 

 

Lo peor de todo no era  esa lija que se empeñaba en asomar por su garganta. Ni la cara que escocía mucho, muchísimo. Ni los hielos que parecían agitarse todavía en su estómago, si es que quedaba algo de él, sólo imaginárselo ya le daban náuseas. Tampoco ayudaba mucho aquella especie de barro que se empeñaba en cerrarle los párpados-¿qué era?, ah, el rimmel ese famoso que hace las pestañas de Betty Boop. Cuando avanzó el cuello para ver el despertador-¿dónde está el despertador?-una maraña de cabello mezclado con horquillas se le vino sobre la cara. Resoplando,intentó hacerse una composición de lugar. Vamos a ver, sí ,es mi dormitorio, mi casa, a ver, ah,aquello allí tirado deben de ser mis leggings, Dios parecen churros, bueno, y las botas…¿mis botas? . Recorrió con la vista el ángulo que se le permitía desde esa esquinita, cuatro esquinitas tiene mi cama. ¿Cuatro?. Lo peor de todo se avecinaba. Lo peor de todo no iba a ser intentar recordar en qué momento perdió el foulard fantástico, pasar una tarde  de barra libre de ibuprofeno y modo stand by. No. Lo peor estaba a punto de suceder. Se dio la vuelta y  vio una pierna peluda ,que, por supuesto  no era la suya, saliendo de la cama.  También empezó a percibir ronquidos,si es que aquello no era más un hipogrito huracanado, con razón le dolía tanto la cabeza, no sólo eran los gintonics. El destino le reservaba una sardónica pirueta en ese devenir dantesco de las noches en negro. Cautelosa, pero con mano firme,levantó el embozo de las sábanas.  No era un dinosaurio, tenía hechura humana.  Y tomó aire para asumir lo que se le venía encima. A fin de cuentas no era tan malo no tener ni idea de quien era. Lo malo, lo peor de todo, lo que no se perdonaba, era constatar lo mucho que perdía el gusto y bajaba el listón cuando bebía.

05-02-2010

Despertares (4)

Entrada que viene de: La flor de mi secreto - Princesa Sigrid @ 09:32

 Mirándote....

 

Le gustaba mirarte cuando dormías. Se fijaba en tu respiración, en como se te movían las aletillas de la nariz. Doblabas el brazo y dejabas el codo bajo la almohada. Te removías. A ella le gustaba especialmente un lunar que tenías bajo el ojo izquierdo, el mismo que se veía como saltando ,diminuto,  al reír. "Es como el punto de una i", se decía, en pleno arrobo amoroso. Seguía deslizándose por las mejillas, hacía un alto en los labios, navegaba por el cuello. Te miraba sin cansarse. A veces le asustaba un poquito un leve ronquido que emitías al darte la vuelta y recolocar las sábanas. Te miraba. Y deseaba largamente que no hubiese distancias, diseñando la agenda del día imposible, con cena y paseo compartido.  Por eso cuando tú abrías los ojos y, sonriente e invitador, acercabas tus labios a la cámara web,a veces ella cerraba violentamente el portátil. Y es que hay días en los que una no puede soportar la idea de besar unos labios pixelados.

29-01-2010

Públicas escrituras, vidas privadas.

¿Sabías esto?

Ya sé que la expresión puede quedarme un poco demodé. Pero hoy, pensando en Salinger y Holden Caufield, le doy vueltas a la creación de un neologismo que creo nos hace mucha falta. Estoy hablando del "aquí hay tomatismo". Entiendo por !aquíhaytomatismo" la necesidad , casi arqueológica, de hacer exégesis y recuento de las particularidades vitales de quien destaca en otras lides. Salinger era escritor. Poco prolifico, es verdad. ¿Supervalorado? Es posible. Más que eso: el riesgo que tienen personajes como Holden es convertirse en letanía y pasto de freaks. En pegatinas y camisetas. En citas como las ubicuas de Tagore, las lágrimas y las estrellas, o en otro orden de cosas, el recit de "las naves de Orión y las puertas de Tanhausser" en los alucinados y perdidos ojos de Rutger Hauer. Cuando yo tenía dieciséis años, dejé que un chico me rozase la rodilla  mientras se marcaba el rollete imitando a Hauer en Blade Runner. Me pareció precioso, y aunque no entendía un carallo de lo que me estaba diciendo, me pareció lo más profundo que me habían contado en mi vida. Unas semanas más tarde lo dejé porque se quedó dormido viendo "Muerte en Venecia" en el cine Valle-Inclán. Y claro, para una aprendiz de cultureta, para una devotísima buscadora de citas que soltar en conversaciones con los chicos cultos de COU, aquello era una ordinariez. Y una falta de militancia. Ya era bastante duro fingir que habías leído a Proust a los catorce años. Pero no hiperventilar con aquella peli, con la que había que hiperventilar para ser lo más cool del mundo, no podía ser. Y a pesar de la dulzura de sus ojos color Coca-Cola tuve que dejarle. Una se debe a su prestigio.

Cuento todo esto porque, decía al principio de esta digresión, que salen ahora todos los exégetas, buceadores de archivos y demás, contando que Salinger era un misántropo (cosa que ya sabíamos, por otro lado). Que era un borde. Que no quería la fama. A pesar de su querencia por ser Bartleby-como Rulfo, como muchos otros-por pose, por iniciativa propia, no quería salir a la luz pública. Nunca pensó en acudir a un show televisivo ni en salir en la revista "Cuore". Y digo yo .¿y qué? ¿Son tan importantes los gustos, aficiones o querencias de los autores? A mí me importa un cuerno si en su casa tiene álbumes de mariposas o si coleccionaba pegatinas de la fruta (yo lo hago, ¡mola!). También me importa un comino con quien se acostaba Gil de Biedma, si era homosexual, trisexual o lo que le diese la gana. Pero leo "Pandémica y celeste" y sé que adoro esa escritura que sí me lleva a un mundo que quiere compartir porque a él le da la gana. Pero del que yo no necesito indagar. Se me ofrece. Y lo venero. Otra cosa son las polémicas sobre pasados filonazis, ofrecimientos a la censura franquista o delatores en la caza de brujas. Ahí entramos también en el juicio público.

Hay escritores que se convierten en personajes. Es su elección. Y no me refiero sólo a los que quieren ser arzobispos de Manila porque les parece muy bonito o a los que en pleno arrebato alcohólico hablan del "milenarismo, ¡cojones ya!". También los hay que van a hablar de su libro. Incluso los que suben en ventas por su felina mirada neoyorkina. O los que protestan por las concesiones de premios. Me parezca bien o mal, es su elección. Siempre he adorado a Truman Capote, ese inmenso cotilla, que supo crear un híbrido entre periodismo y literatura, con él como personaje.Pero cuando alguien elige estar en la sombra, cuando se debe al frío y gris invierno del centro de Europa como Kafka, su intimidad debe ser garantizada. Y no dejemos que el aquíhaytomatismo, que el discurso cotilla, se haga imprescindible. Dejemos a las revistas del corazón hacer su trabajo. Porque la vida, solamente en casos muy contados, debe ser convertida en literatura de cordel.

 

 


26-01-2010

Educación, brechas digitales, clases….

Entrada que viene de: Pinículas y flims, Reality bites, Sociología aficionada - Princesa Sigrid @ 11:04

Cuadernillo RubioSoy una docente nata. Me gusta mucho enseñar. Me gusta tanto que no lo he elegido como profesión porque temo quemarme. Porque no soy capaz de conservar mi energía, mi ánimo y mis afanes de reciclaje como banda sonora de toda mi  vida. ¿Cómo consigo matar mi gusanillo? Con mis niños Erasmus, a los que paseo en miniviajes de cuatro meses por los subjuntivos y los pluscuamperfectos. Con los que descubro el estado real de la educación en Europa y cruzo los dedos ante la "salsa boloñesa" para que a mis coetáneos no les coman las papas estas criaturas vitales, enérgicas y constantes. Para que haya para todos. Soy también la eterna alumna. Ya paso de masters y grados, que me dan igual. Sigo sintiendo una gran emoción al sentarme al pupitre. O al ponerme un pantalón viejo para un curso de cabaret o commedia dell’arte, o al asumir la pijada de un curso de cata de vinos. O de italiano, inglés, francés. Abrir la ventana a otros mundos, los que tienen una sintaxis propia, es para mí una razón más que plausible para, una vez que comienzo, desear seguir explorando.

Yo me eduqué-bueno, es un decir- por fortuna, en una sociedad en la que la educación era un valor. Un valor personal y social. Donde los profes, maestros, docentes y sinónimos eran conductores y guías por mares magníficos. Independientemente de su valía tanto académica como personal, el profesor, a veces un tanto alejado, otras más cercano, era respetado. Como persona y como parte de un entramado, el educativo, el escolar, que ya de por sí, por definición, era incuestionable. Estudiábamos para aprender. Por no hablar del triunfo que suponía para muchos padres el que sus hijos llegásemos a la universidad.

No temáis, no voy a daros la chapa con discursos de abuela cebolleta sobre lo magníficos que éramos nosotros y lo malos malosos que son los chicos de ahora. Quizás ese análisis a mí no me compete. Pero os recomiendo que veáis la película "Precious" sobre la voluntad integradora de la educación. Como arma contra el desprecio y contra la miseria, como bastión  de invidualidad y de identidad.  Como modo para aprender a respetarse, a quererse y a otorgarse todas las oportunidades posibles. Y también me gustaria poder reflexionar sobre un artículo de David Alandete  que sale hoy en "El País" sobre los nuevos analfabetismos: la brecha digital que amenaza con excluir a todos los que no tienen acceso a internet (zonas rurales o marginadas) o no han podido subirse al tren de la era digital (personas mayores) y que podrían beneficiarse mucho tanto de la facilidad de hacer gestiones a golpe de click como del caudal de información y entretenimiento de la red. Y solventar ese desnivel, esa desigualdad, es labor educativa. Y social. Y de justicia. Porque la educación debe de ser justa. Y no caritativa.

(Trailer de Precious subtitulado en español. Tiene spoilers :(

21-01-2010

Despertares (3)

Entrada que viene de: Reality bites - Princesa Sigrid @ 10:58

 

 

Haití, tal y como era

Abrió los ojos, sin querer, por pura rutina. Porque no sabía, en realidad, si era mejor abrirlos o dejarlos cerrados para no ver. No sabía lo que podía ofrecerle una nueva jornada. Fue reconociendo el olor, aquel olor, volvió el miedo, aquel miedo, las angustias, terrores, pánicos. Disparos al alma. Sin manta y sin almohada. La noche no era mejor que el día. Ni el día era mejor que la noche. No tenía lágrimas. Solamente miedo. Y hambre. Y no podía permitirse el lujo de tener pesadillas porque no tenía ni lujo ni pesadillas, y porque el despertar, de nuevo, no era mejor que el dormir. Pero abrió los ojos.El caos era lo que atornillaba los párpados a la cabeza, a su cuerpo, a su vida. Sí, la vida.Era una suerte poder despertarse. Lástima que, desde hacía una semana, todavía aquello estaba allí. Y no era un dragón lo que estaba a su lado :era la implacable combinación de miseria y muerte. Y da mucho más miedo.

Teléfonos y cuentas de ayuda a Haití
 

14-01-2010

Teclados y cosmogonías

Entrada que viene de: La flor de mi secreto, Reality bites - Princesa Sigrid @ 10:29

Hablar sin hablar
Eran veintiocho y algunas más. No contaban como parte del pequeño universo, pero estaban ahí. Signos de más, asterisco, paréntesis. En extrañas combinaciones se convertían en guiños, sonrisas, algún que otro beso. A veces las miraba muy fijamente, intentando exorcizar el demonio de la ausencia. Otras, intentaba escuchar su latido sujetándolas contra la mejilla. Algunas veces, de noche, se incorporaba en la cama y creía entender su lenguaje silencioso, materializado en un clic no tan habitual como exigían sus anhelos. Las letras. De tanto sentirlas como parte de sí, comprendió que la cosmogonía del corazón no era alfabética, no tenía que ver con discursos, declaraciones y batallas. El teclado era un mar de posibles y, el día que recibió el sms definitivo, el que cerraba el círculo infernal, el que ordenaba por fin sus países y geografías, sintió una pequeña decepción, porque la verdad aguardada largamente tenía pocos caracteres. "T q", decía el mensaje. En ese momento se dio cuenta de que no merecía la pena tener tarifa plana y volvió al móvil prepago.

10-01-2010

Cuando tu abuela te manda una solicitud de amistad

Entrada que viene de: Frikerío, frikerío, Sociología aficionada - Princesa Sigrid @ 22:21

Virtual y real

Por medio de este zapping internetero que, como diría Felipe el de Mafalda "me tiene los nervios a la miseria", leo a la genial Noemí Gómez Pereda que, a su vez lee a Nacho de la Fuente, que, nos alerta sobre la posible muerte de Facebook. No, no quiere decir esto que nos hayan cancelado a todos las cuentas de la red social por malas malísimas personas-todo se andará-sino que, como siempre y en lo tocante a las redes sociales,ya hay quien cree que no está lejos el final de todo esto.  Es verdad que de éxito se puede morir. Y el final, por saturación, por hiperdemocracia, está-parece ser-el día que enciendes tu ordenador y al conectarte a Facebook ¡oh sorpresa!, tienes una solicitud de amistad de tu abuela. Supongo que el planchazo es similar al que supone que un adolescente encuentre a sus padres tomando una copa en el sitio de moda (o haciendo botellón, que a una ya no le sorpende nada).

Yo ya he hablado de mis conexiones feisbuqueras y tuiteras, de la gente con la que me relaciono de forma virtual y a los que, muchos, no conozco en vida "analógica". No tengo ni idea de cómo sería mi relación con muchos de ellos si conviviésemos laboralmente, por ejemplo, o si hubiésemos trabado amistad en formas más convencionales. Yo creo que sería la misma, pero no lo sé. Hablaba esta mañana con alguien sobre las máscaras o los personajes que nos permite el mundo virtual. Para muchos puede suponer una sublimación de "ser lo que yo quiero" (servidora se puso de avatar a Anita Ekberg, chúpate esa mandarina), puede ser también una trinchera y, por desgracia, un refugio de francotiradores. He asistido-si se puede decir así-a desencuentros "virtuales" que han tenido repercusiones en la cotidianidad, ya que, de la misma forma que se establecen alianzas y anexiones, empatías y chascarrillos, hay silencios clamorosos y desdenes impertinentes. Y broncas importantes. Y sensibilizaciones a nivel mundial. Y risas. Y cosas que no te gustan. Y otras que te hacen pensar. Pero es tan sencillo como no implicarse en lo que uno no quiere. Aunque tenga ese punto de bordería que puedan achacarte : he aceptado solicitudes de amistad por pura intuición y desestimo otras de personas con las que he podido tener relación antes, pero con la que no me interesa el "pelillos a la mar". O no me interesa o prefiero mantener mi virtualidad intacta (esto ha quedado muy María Goretti). Si yo no les enseñaría a algunos de mis excompañeros de cole con los que nunca tuve relación mis fotos o mis inquietudes cabaretiles, pongo por caso ¿por qué he de hacerlo en Facebook? ¿por qué tengo que hacerme, para "quedar bien y ser maja" de grupos que no me interesan o de los que dudo mucho si querrían contar conmigo?. Facebook,a veces, es como el juego de las chapas o los tazos: tanto tienes, tanto vales. Insisto: creo, como en el artículo que leyeron Noemí y Nacho, que en un primer momento, digamos que todo valía. Y que, con el tiempo, todos nos hemos vuelto más selectivos , para bien y para mal. ¿Y no es esto una extrapolación de la vida real?

 París puede ser una fiesta cuando te relacionas en la virtualidad. Pero puede  dejar de serlo  cuando aparece el prosaismo de un mensaje que diga "acuérdate de sacar el pollo de la nevera"o, si tu abuela finalmente es aceptada por ti, que tus páginas favoritas o las chorradas de las que te haces fan y que te hacen recuperar tu mejor infantilismo sean tema de conversación de la familiar comida del domingo. A mí no me apetece nada imaginármelo. A pesar de los muchos paralelismos que pueda establecer entre mi vida virtual y mi vida analógica, creo que prefiero quedarme con lo mejor de los dos mundos. O dicho de otro modo y como mencioné antes: mi virtualidad intacta. Esa virtualidad de vestal que tan buenos ratos me proporciona.

(Gracias a Noemi por prestarme el título y por currárselo todo tanto y a Nacho por ofrecernos siempre tantos motivos de reflexión en su blog)

05-01-2010

Lecturas en paralelo (1)

Entrada que viene de: Pinículas y flims, En la mesilla - Princesa Sigrid @ 13:49

NY map

Aquí la que escribe tiene sus mitomanías, como casi todo hijo de vecino. Aquí, la que se está dejando lo que le queda de vista en esta minipantalla-pero es un netbook rojo cereza y eso da mucho prestigio en esta cafetería con wifi-tiene sus santitos y sus idolillos a los que pone flores de vez en cuando o enciende velas. Pero, aquí, esta criatura tiene, vaya por Dios, criterio propio y además es una fiel devota de Andersen y su cuento del emperador desnudo. Y cuando este buen hombre va por la calle sacudiendo las partes pudendas pensando que va divino de la muerte, creo que, por bondad y solidaridad humana, hay que decirlo.Y todo esto viene a colación porque yo, que no terminé mi doctorado y tengo pánico escénico a los exámenes, leo a algunos autores y me parece que no son para tanto. Y veo algunas películas con las que hiperventila todo Cristo y me quedo tan pancha. y creo que si la literatura y el cine no nos hacen sacudirnos en el sillón o en la butaca (no sé si seguiré leyendo en el sillón cuando mañana me echen los Reyes el Kindle)...pues como que no.

Después de esta absurda palinodia, diré que viene al caso porque acabo de terminar Invisible de Paul Auster. Auster es un escritor eficaz, irregular, con rasgos de genialidad ocasionales y con esa capacidad de crear bucles y tramas paralelas que nos hacen, algunas veces, sucumbir a las trampas de la ficción. Y de eso se trata. Pero cuando termino de leer "Invisible" y me digo a mí misma que es "una novela más de Auster" (como pasa, no siempre, con "otra peli más de Woody") creo que algo falla. No he querido leer ninguna crítica a la novela, ni siquiera las notas de Arume. He esperado a leer la "Biblopsia" de Rodrigo Fresán. Y me he quedado patitiesa. Me explico: no  coincidir con uno de tus críticos-lectores de cabecera a mí, generalmente, me produce una satisfacción tremenda por la parte especulativa que puede llegar a tener. Pero cuando te das cuenta de que tú has leído otra novela, te quedas de piedra. Claro que he reconocido las pseudoreferencias literarias (desde Byron a Vila-Matas, tela marinera). Pero me deja absolutamente boquiabierta "la suerte de gótico moderno a lo Jean Rhys." Hombre, Rodrigo que no me leerás, eso me parece un poco fuerte. "Ancho mar de los Sargazos" no tiene nada que ver con Auster. Pero nada de nada. O yo no lo veo o no entiendo o me he quedado sin  referencias, no lo sé. Yo había visto bastante más, salvando las distancias, de "El placer de los extraños", pero bueno…

Sigo leyendo la crítica-esa soberbia prosa de Fresán, esta sí llena de guiños y en ocasiones flemática, como un buen chiste de sexo contado a la hora del té en una mansión de la campiña inglesa-y de repente, y al final, tengo una revelación: Fresán también ha leído "otra más" de Auster. En el párrafo final dice literalmente: "así salimos de una novela (...) preguntándonos qué nos pasó. Y lo que nos pasó fue, y es, de nuevo, un libro de Paul Auster". Gracias, Rodrigo, gracias. No soy marciana. Ya llega con que no me gustase "Agora" de Amenábar.

Es decir: más guión que novela. A pesar del regocijo íntimo al reconocer lugares muy queridos por mí en NY. No sé si me llega. Y me atrevo a pensar que no sé si me gusta esta novela de Paul Auster. Porque, como dije más arriba, crea bucles narrativos interesantes. Sin afición al estilismo, pero con tirón, nos va llevando de la mano por un Infierno particular. Bucles, no remolinos. Los remolinos, los patchworks alucinados de Fresán y de Bolaño, por ejemplo,están ausentes. A lo mejor es que me influye demasiado el concepto de "plaisir du texte" de Roland Barthes. Y no digo que esté mal (la segunda parte de la novela es soberbia. Como lo es en "Brooklyn Follies" el proyecto sobre la enciclopedia de la estupidez humana). Sólo digo que he leído otra más de Paul Auster.

(Nota de la lectora: Pueden leer el texto completo de Rodrigo Fresán en  el último número de Vanity Fair, p.112. Entre una cosa y otra hay una entrevista con Adriana Abascal que demuestra que también hay personas que viven en mundos paralelos. Por no hablar de Ivanka Trump recomendando un vestido camisero blanco si no queremos fallar en nuestro estilismo. Ayer no los había en el Primark. Mierda, soy una demodé).

 

 

 

 

30-12-2009

Un cadáver exquisito para el 2009 (Receta para no triunfar en el 2010)

Un beso para terminar el año

Hace un año, la Princesa Sigrid escribió sobre todo lo que no iba a hacer en el 2009. También sobre lo que deseaba que sucediese. Como esta pobre mujer tiene tanta intuición para las predicciones como la  bruja Lola-pena de dos velas negras para alguno que yo me sé-y no puede permitirse dejar de ser ella misma prefiere contar en primera persona parte de lo sucedido a modo de cadáver exquisito:

Se levanta el telón con  un obradoiro de cabaret. Y llovía : hubo un tejado que salió volando y Luis Cao detrás para arreglarlo. Filloas y orejas en Carnaval, cumpleaños con tapitas en la calle de la Barrera.   Rebeca en los jardines de Kensington y una edición muy rota de "Alice in Wonderland". Cursos online, trabajo, autobús diario para ir a trabajar. Keane bajo las estrellas. Yann Tiersen dándonos la espalda. Comidas a medio camino entre Santiago y Coruña con antiguos compañeros de trabajo. Risas, muchas risas. Amigos nuevos. Facebook. Amigos virtuales. Té verde en Marraquesh, zumos de naranja y color azul. Nelson, Diego, María Manero y servidora buscando un bar abierto en Santiago a las 4 de la mañana. Amigos virtuales que se hacen reales. Cervezas en agosto frente al Mediterráneo. Virginia y Violeta en la piscina.  Unas líneas que se hacen voz y ojos. Blogueros, muchos blogueros. Cuadernos para la colección. La Ribeira Sacra y un adiós inesperado. Algunas lágrimas. Alguien que deja miguitas en el camino que tú vas a pisar. Hablar por teléfono. Regalos. Discusiones. Olvidos. Reencuentros. Un café en Porto.Trabajo online. Un notebook rojo cereza. Más cabaret. Teatro Rosalía de Castro. Cursos con Erasmus. Lars von Trier y Murakami. La foto que le hago a mi padre el día de Navidad en los Cantones. El sombrero que me regalas y el espacio que no tengo. El esbozo de un guión y un proyecto. Un abrazo que sigue siendo el último. La leche que me metí saliendo del Baobab. Las Perseidas. El sofá y la mantita. Cocinar para tragaldabas. Y tus ojos, aquí y ahora.

Y todo lo visible y lo invisible, lo que voló alrededor de un calendario, ya es parte del pasado y del presente infinito. Y me temo que seguiré fumando, escribiendo, perdiendo energía inútilmente, enfadándome conmigo misma y reconciliándome después. Abriendo los ojos como platos y durmiéndome en tu hombro. Un año no son más que 365 días en los que queremos que la felicidad nos roce. Yo, ahora mismo, lo que compruebo es que los años no me hacen más sabia, pero sí mucho  más resistente. Y, claro, eso es un proyecto para siempre. Feliz 2010.

 

 

24-12-2009

Cuento de Navidad

Entrada que viene de: La flor de mi secreto, Reality bites - Princesa Sigrid @ 13:36

Navidad, Navidad

 

Para Carlos Portela, que siempre me regala historias

 

Interior día. Habitación de hotel.

Una mujer con uniforme de doncella termina de hacer una cama. Recoge las toallas del cuarto de baño, las carga en un carrito con ropa sucia y con los bártulos de limpieza. Se para de repente y sonríe. Palpa un sobre en el bolsillo de su delantal de cuadritos. Se sienta en una esquinita de la cama recién hecha y recuerda. No le dio vergüenza tomar ese dinero. Había sido la primera vez, en mucho tiempo, que un cliente del hotel se dirigía a ella y le preguntaba su nombre. Sin otras intenciones que saber cómo era la vida de una mujer que duplicaba y triplicaba turnos. Al hombre le había llamado la atención, en medio de la vorágine del congreso por el que había viajado a la capital, que, en horarios muy dispares, la encontrase siempre por los pasillos, con su carrito, con sus bandejas, con sus armas de trabajo, en fin. La historia no era muy diferente de otras historias. Se acercaba la Navidad y había un niño-muy pequeño todavía según pudo el hombre ver en la foto que su orgullosa madre llevaba siempre encima-que deseaba un único juguete. Un muñeco de Spiderman, fantástico, arrogante en sus rojos y azules. El precio del muñeco era ridículo. Ridículo en la esquina del mundo en la que el hombre vivía. Desorbitado en esa otra esquina donde vivía la mujer. El hombre no pudo contener una expresión de sorpresa cuando ella le confesó el motivo de sus jornadas laborales tan extremas, tan largas, tan duras. Un muñeco de Spiderman.

Exterior noche. Avenida de una gran ciudad latinoamericana. 

Un hombre camina en dirección a un hotel. Tras una intensa jornada de trabajo desea llegar a su habitación, darse una ducha y descansar. Quizás ver una película por cable, de esas que nos hacen reir con sus doblajes tan sesenteros. O quizás hablar por teléfono con su familia, para decir que todo ha ido bien, que vuelve pronto a casa y que les lleva muchas sorpresas envueltas en papeles brillantes. Piensa también en un sobre que dejó en recepción. Le preocupa que la destinataria del dinero no lo haya recibido. Cavilando sobre estas cosas, posa su mirada distraída en un escaparate. Es una juguetería. Tras el cristal, las Barbies zorronas, los trenes de coleccionista, los mal llamados juguetes didácticos-¿alguien ha sido capaz alguna vez de jugar con los esqueletos a los que hay que rellenar de músculos y órganos de plástico para saber si quieres ser médico?-detiene su sorprendida mirada en un muñeco de Spiderman. Un muñeco que valía unos dos o tres billetes más que los que él había introducido en un sobre con destino a un sueño infantil. Un sueño que tenía un precio sensiblemente superior a lo que su madre creía. Un poquito más, para esta esquina del mundo, que lo que aquel hombre había destinado a su particular qué bello es vivir. Un mucho más, para aquel lugar del mundo.

Y aquí vienen varios finales posibles. El hombre puede comprar el juguete y llevarlo al hotel. También puede rellenar otro sobre con la diferencia para cumplir el sueño. Puede también no hacer nada.

Y a la hora de la verdad…¿no son estos tres finales los que adoptamos la mayoría? No es excusa que nos separen océanos o lenguas. No son excusa nuestros errores de cálculo. El hombre del cuento miró a su alrededor y vio lo que nadie veía. ¿Capitalismo compasivo? Es posible. Pero como decía alguien a quien admiro mucho y que fundó Amnistía Internacional: "Siempre vale más encender una vela que maldecir la oscuridad". Mi deseo para esta Navidad es aprender a mirar a los ojos de todos y ver sus necesidades, por lejanas o ridículas que me resulten.

Y colorín, colorado…....